Con ocasión de una publicación sobre la escena captada de maltrato y acoso a una becaria, algunos comentaristas señalan que “quizás se trate de una broma“, un fake, para dar mayor publicidad al programa de Wyoming.

Si así fuera, sería mucho más grave la valoración y la condena moral a formular contra quienes puedan utilizar a las víctimas del acoso como rehenes de una acción propagandística o comercial, con fines lucrativos.

Creo que estos comentarios son una señal inequívoca de la corrupción moral a que hemos llegado como sociedad.

Que algunos comentaristas puedan justificar la divulgación de una escena de hostigamiento y maltrato extremo como la que se emitió ayer en Televisión con el argumento de que “todo podría ser una broma“, me parece de extrema gravedad y, como psicólogo, muy sintomático de una pérdida de rumbo de la más mínima ética social.

A continuación me gustaría exponer las razones por las que el mobbing no debería tomarse a broma en ningún caso.

En los últimos años he podido asistir a muchas personas que sufrieron mobbing en sus trabajos. Sería difícil de describir lo que significa para una persona normal, que nunca ha padecido antes trastornos psíquicos, entrar en un cuadro de daño como es el Síndrome de Estrés Postraumático. Un cuadro de daño que se le ha infligido a base de comportamientos como el que exhibe el video, a veces mucho más anodinos, pero que, de forma acumulativa, van erosionando y minando a quien los sufre.

En algunos casos límite, las víctimas del acoso se terminaron quitando la vida por no poder soportar más un tipo sufrimiento que es difícil de transmitir si no se ha padecido en carnes propias.

Un reportaje de Nuria Varela en Interviu contó tan solo 4 de los casos más graves que yo he conocido y que he podido conocer de primera mano.

Todos ellos son casos de trabajadores que murieron gracias a la “broma del Mobbing“. De ahí lo inadmisible que resulta para mí el banalizar, trivializar, o tomarse a chacota el maltrato y la persecución en el trabajo.

Uno de esos casos fue el de Flores Espinosa, jardinero del Ayuntamiento de San Fernando de Henares (Madrid), quien se quemó a lo bonzo tras ser sancionado con un día sin empleo y sueldo después de un rosario de presiones y hostigamiento.

Su hijo explica en dicho reportaje las circunstancias que rodearon su muerte.

Mi padre no estaba loco ni borracho, estaba lleno de vida. Además de su trabajo en el Ayuntamiento, era humorista y tenía previstas más de cincuenta galas para los meses siguientes. Mi padre llamaba a cada cosa por su nombre y denunciaba todas las situaciones injustas o irregulares que se daban, por eso se convirtió en una persona molesta.
Sufría el menosprecio con el que le trataban los encargados, personas que tienen peso en la política municipal
”.

Francisco Flores Espinosa, vio morir a su padre debido al mobbing. Otros hijos que yo conozco también quedaron sin padres o madres.

El 10 de marzo de 2004, su padre, Flores Espinosa, se pegó fuego a lo bonzo delante del Ayuntamiento de San Fernando de Henares (Madrid), donde trabajaba como jardinero desde hacía 14 años.

Flores tenía 53 años y resultó herido grave con quemaduras en el 60 por ciento del cuerpo. Falleció tres días después.

Flores se prendió fuego delante de su hijo de 26 años y de sus compañeros de trabajo.

Según el informe realizado a instancias del sindicato a que pertenecía Flores, este sufrió: “medidas discriminatorias en relación a asignaciones de trabajo y turnos, por lo menos desde el año 2000; denegación u obstaculización de los tiempos de permiso para cuidar su mujer y acompañarla a las sesiones de radioterapia contra el cáncer que padecía; sanción discriminatoria tanto contra él como contra su hijo a pesar de que otros trabajadores estaban en la misma situación objeto de la sanción y amenazas directas contra él por parte de un jefe de equipo denunciadas por el trabajador ante el Ayuntamiento”.

Desde los años 80 conocemos que los trabajadores sometidos a este tipo de maltrato laboral incrementan significativamente el riesgo y la probabilidad de desarrollar importantes secuelas psicológicas así como comportamientos suicidas.